Un superministro contra la escasez en Venezuela

La respuesta del presidente Nicolás Maduro a los rigores de la crisis política, económica y social en Venezuela es siempre la misma: apoyarse en quienes más confía, los militares. Las filas para comprar alimentos, los hospitales, las protestas por asuntos políticos o por hambre, son controladas por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). El jefe de todo, quien mantiene la estabilidad del gobierno, es Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, que se ha convertido en el segundo hombre con más poder en el país.

Padrino López comenzó a ganarse la confianza del alto mando político del chavismo en tiempos de crisis, en 2002, cuando se negó a apoyar a los militares que participaron en el intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez. En ese entonces, ocupaba un cargo importante, pero aún modesto: era jefe del Batallón Bolívar, en el Fuerte Tiuna, el principal de la capital.

A partir de ahí el ministro, que egresó de la promoción Juan Gómez Mireles de la Academia Militar en 1984 -puesto 18-, no ha hecho más que ascender dentro de la institución castrense. Su promoción es importante para Maduro: ese mismo año se graduaron, entre otros, la diputada Carmen Meléndez, que ha sido ministro de la Defensa, de Interior y Justicia y del Despacho del presidente, y Miguel Rodríguez Torres, que fue su ministro de Interior y Justicia, pero ahora se ha distanciado del gobierno.

El general ha sido una suerte de salvavidas para Maduro en tiempos de crisis: durante las fallas eléctricas, formó parte del Estado Mayor Eléctrico; durante los escándalos de corrupción, integró la comisión presidencial que estudió la asignación de divisas, e incluso lideró el Plan República en la custodia de los materiales electorales en la elección presidencial que ganó Maduro, con mínima diferencia, a Henrique Capriles.

La Gran Misión Abastecimiento Soberano.

Pero la noche del 11 de julio el presidente le entregó más poder a Padrino López, en un área esencial para la economía, en medio de la crisis más grave que ha sufrido Venezuela en décadas: coordinará la Gran Misión Abastecimiento Soberano, la apuesta del mandatario para superar la escasez de comida que azota al país, misión para la cual todos los ministros serán sus subordinados, una potestad que antes era exclusiva del vicepresidente y del propio presidente.

El ministro de Defensa debe ahora encargarse de supervisar la implementación de políticas públicas para mejorar el sistema agroproductivo e industrial, así como la distribución de alimentos y fármacos. Debe, en esencia, transformar el modelo productivo en un país que no produce casi nada.

Para lograrlo, cuenta con total discrecionalidad: puede dictar resoluciones en tiempo real en empresas y comunidades en todo el país, y sólo debe reportar su trabajo ante el presidente de la República.

Rocío San Miguel, directora de la ONG Control Ciudadano, opinó que con Padrino López al frente del Gobierno, Maduro simplemente guarda las apariencias de que controla plenamente el poder en medio de la crisis.

Pero advierte: “Padrino López es un oficial bisagra, se adapta a las desesperadas necesidades de Maduro y a la vez mantiene las apariencias de orden en la FANB. Entiende el significado de los enormes peligros de la transición, pero también sus oportunidades. Cometen un error quienes lo ven desde la oposición como un posible aliado y desde el chavismo como traidor”.

A Padrino López, aseveran fuentes de la FANB, le reconocen su “disciplina, efectividad para tomar decisiones en medio de situaciones estresantes, y respeto a la autoridad”. Quizá esos atributos hicieron que se ganara la confianza de Chávez y se convirtiera en la mano derecha de Maduro.

 

Vía: http://www.elmundo.es/internacional/2016/07/14/578690f0468aeb0b2c8b4614.html

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