Situación monetaria e inflación en Venezuela

Uno de los principales problemas económicos que sufre Venezuela es la dramática pérdida de valor de su moneda, el bolívar. Aunque en el mercado mundial la inflación es un fenómeno superado, Venezuela exhibe la inflación anual más alta del planeta, 181% en el 2015. Podría cerrar el año 2016 con una inflación anual de 700%, alcanzando en el 2017 un valor por encima del 1000%.

José Cordeiro en su libro “La segunda muerte de Bolívar… Y el renacer de Venezuela”, nos ratifica y demuestra que la inflación es un desequilibrio generado por fuertes distorsiones en la emisión monetaria. Una pésima política monetaria en la historia económica venezolana, especialmente después de la Nacionalización de la industria petrolera en los años setenta del siglo XX, ha provocado la incesante creación de dinero sin respaldo en las reservas, para cubrir el déficit presupuestario de un Estado todopoderoso, administrado por gobiernos que gastan sin medida. La consecuencia es la progresiva pérdida de valor del bolívar.

La moneda como mercancía que facilita el intercambio y como reserva de valor, también está sujeta a las leyes de la oferta y la demanda, de manera que mientras mayor es la creación de dinero líquido por parte del Banco Central, menor es el valor de esa mercancía, con lo que la ciudadanía pierde el valor de sus ingresos. Cordeiro nos cuenta que desde finales del siglo XIX, con la creación de los primeros bancos en Venezuela y hasta 1940, la emisión monetaria estaba garantizada por los bancos privados, que imprimían billetes de acuerdo a sus reservas en oro o plata. Este sistema promovía la competencia y la libre convertibilidad entre los billetes y las reservas en oro, garantizando una moneda estable y sólida.

Esa situación que vivía Venezuela era ideal, porque el gobierno no podía intervenir en la creación de dinero sin respaldo. En 1939, el Congreso Nacional aprobó la ley de creación del Banco Central de Venezuela (BCV). Desde entonces el BCV ordenó que todos los bancos privados terminasen sus emisiones de billetes y le entregaran las reservas en oro, con lo que comenzó a perderse la disciplina monetaria. De acuerdo a la primera ley del BCV en 1939, el Estado venezolano tenía el control del 50% del capital del Banco y el 50% restante estaba en manos de particulares. El ente sólo garantizaba la convertibilidad de sus billetes con 50% del encaje en oro, y no estaba autorizado para hacer préstamos al gobierno.

La segunda ley del BCV en 1960, autoriza al Banco a prestar al gobierno para cubrir déficits presupuestarios, además de reducir la convertibilidad de los billetes del 50% al 33% del encaje en oro, y le da la potestad de establecer tasas máximas de interés, eliminando el juego de la oferta y demanda en el mercado monetario y provocando más distorsiones.

José Cordeiro nos cuenta que con la tercera ley del BCV en 1974,  se estatizó completamente a la institución, y desde ese momento el bolívar ya no tuvo ningún respaldo en las reservas. La situación se complica por un profundo problema conceptual muy arraigado en la cultura popular, pues en Venezuela se ha desdibujado la diferencia entre el Estado y gobierno, de manera que se usan como sinónimos, sin entenderse que el gobierno es el administrador del Estado, de ningún modo su esencia. Por eso mientras más crece el patrimonio del Estado, más se intensifica el poder económico del gobierno de turno y por lo tanto, la tendencia al populismo. Y el populismo se alimenta de una fuerte dosis de gasto corriente financiado con liquidez monetaria sin respaldo.

La ley del BCV sufrió más reformas en 2005, 2010, 2014 y en el 2016, perdiendo su autonomía, a pesar que ésta se encuentra garantizada en la Constitución de la República. En 2006 se estableció un límite prudente para las reservas, de manera que los excedentes pudiesen administrarse directamente por el Ejecutivo de manera discrecional. En la reforma del 2010, se le permite a Pdvsa no vender la totalidad de los dólares al BCV, para ser desviados a fondos directamente administrados por el gobierno. En la reforma del 2014 se desvirtúa el concepto de reservas, incluyendo en el valor no sólo divisas y oro, sino también otros bienes de transacción financiera internacional. Y finalmente, en la última reforma del 2016, se habilita a la directiva del instituto a declarar como confidenciales cifras estadísticas como inflación y escasez. Es decir que Venezuela cuenta con un Banco Central que no protege el valor de la moneda ni el nivel de las reservas, y ni siquiera publica cifras macroeconómicas.

Si la institución financiera que debe velar por una política monetaria coherente no lo hace, es lógico que la economía venezolana enfrente un riesgo real de hiperinflación anual. La desbordada emisión monetaria, aunada a los controles de precios y tipo de cambio, y una desmesurada corrupción desde la Nacionalización petrolera hasta hoy, han llevado al país a tener la inflación más alta del mundo, escasez casi absoluta y un sistema en total desequilibrio.  El bolívar ha perdido valor en un porcentaje impresionante de 4.721.440%, desde la Nacionalización de la industria petrolera hasta el 2015 de acuerdo al Índice de Precios al Consumidor.

Si el bolívar es una moneda sin ningún valor, en un sistema con precios dolarizados, quedan dos salidas posibles. Una es restituir de manera absoluta la autonomía del Banco Central y crear una nueva moneda con estricta disciplina en la emisión de dinero (como ocurrió en el “Milagro Alemán”) y la otra salida posible que propone el Doctor Cordeiro es la dolarización de la economía, con lo que se eliminaría la inflación y se eliminaría también la posibilidad que los gobiernos futuros moneticen los déficits fiscales y creen dinero sin respaldo en las reservas. Esta última salida significaría distribuir las reservas en dólares entre la población y se crearía condiciones atractivas para la inversión extranjera, pero toda solución tiene un costo de oportunidad, en tiempo y esfuerzo. Mientras tanto, la población sigue sufriendo por el aumento incesante de los precios.

 

Vía: http://www.americaeconomia.com/analisis-opinion/situacion-monetaria-e-inflacion-en-venezuela

La inflación en Venezuela alcanza el 461% internanual

Venezuela: Otro año perdido.

A punto de cerrar el segundo trimestre del año, todavía sin cifras oficiales del primero, es una certeza de que la economía venezolana continuó contrayéndose. Al final de este año el PIB por habitante se habrá reducido alrededor de 25% respecto 2013. Lo ocurrido en estos tres años no es una recesión, es una depresión económica. Hay dos aspectos terribles en esta historia, el primero es que no se avizora el final de esta tragedia, el segundo es que esta ha sido una crisis autoinfligida. 

Nuestras estimaciones apuntan a una caída interanual del PIB en el primer trimestre de 8,2% y el pronóstico  para el segundo es de -10,6%. Con esto ya serían 10 trimestres consecutivos en recesión, y todo parece apuntar a que quedan cuando menos dos más. A final de este año Venezuela habrá perdido no solo un año más, sino que posiblemente encadene la peor recesión en su historia republicana salvando períodos de guerra.

Frente a lo anterior cabe preguntarse cuándo comenzaremos a llamar las cosas por su nombre. Lo ocurrido en estos tres años no es una recesión, es una depresión económica. Al final de este año el PIB por habitante se habrá reducido alrededor de 25% respecto 2013. Hay dos aspectos terribles en esta historia, el primero es que no se avizora el final de esta tragedia, el segundo es que esta ha sido una crisis autoinfligida.

El Gobierno luce completamente paralizado. Todavía carece de lo más esencial para resolver un problema que es tener un diagnóstico acertado de la situación. Ante esto es muy difícil poder estimar cuando se podría iniciar una recuperación económica. A este punto un cambio político parece ser una condición necesaria para que ella ocurra.

La crisis económica no se limita a una caída en la actividad económica. La inflación interanual al mes de mayo cerró en 461% según nuestro estudio de precios. Al Banco Central de Venezuela, cuando le resultó insuficiente los cambios metodológicos en el índice para edulcorar la inflación, pasó directamente a ocultarla. No existen cifras de inflación oficiales desde diciembre de 2015. El problema no se limita al aumento de los precios. En mayo la escasez de productos de primera necesidad se ubicó en 84,9%. El abastecimiento de productos es crítico, las colas para adquirir productos racionados y los saqueos son el resultado de mantener el control de cambio y precios que tiene asfixiada la economía. Como si todo lo anterior no fuese suficiente, además existe una gran inflación represada. En nuestro último estudio el estimado era de alrededor de 180 puntos adicionales de inflación, sin contar el sector de los servicios públicos cuyos precios son ridículamente bajos.

El país no ha llegado a este punto por algún choque externo. Si bien la caída en los precios petroleros ha agravado ya de por sí una difícil situación, el país llegó a este punto por su propio pie. La economía venezolana entró en recesión en el primer trimestre de 2014 cuando el precio del crudo superaba los 90 dólares por barril. Esta crisis es el resultado de una política económica de larga data. Debemos recordar que el gobierno actual, que es la continuación del anterior, heredó una economía plagada de controles y ha continuado el acecho a la empresa privada al que tan aficionado era el Presidente Chávez.  Ha sido el Gobierno el único responsable del estado de postración del aparato productivo y de la miseria que actualmente atraviesan los venezolanos.

El Gobierno sigue empeñado en mantener las mismas políticas que han propiciado este desastre. La última son los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), que no son más que la reedición de las Juntas de Abastecimiento y Control de Precios (JAP) del Gobierno de la Unidad Popular en Chile. Esta nueva medida solo agravará el desabastecimiento y el descontento social. El Gobierno insiste en mantener los controles de cambio y precios, y se niega a realizar cualquier ajuste macroeconómico. El resultado de estas decisiones solo agravará la actual crisis.

Venezuela ha sido la economía con peor desempeño en los últimos años en la región. Pese a haber disfrutado una enorme bonanza debido a los elevados precios petroleros, el país decidió repetir los mismos errores del pasado. El Gobierno creyó que el progreso social y económico se podía decretar al golpe de los dólares provenientes del petróleo.  Nuevamente los venezolanos se topan bruscamente con la realidad y la sensación de estafa, tan recurrente en los últimos cuarenta años, se repetirá. Luego de todo esto los venezolanos nos preguntaremos dónde se fueron estos últimos 18 años, la respuesta no debe ser aclarar dónde se fueron sino dónde los enviamos.

Vía: http://www.econometrica.com.ve/blog/venezuela-otro-ano-perdido

Inflación de abril fue de 20,3% según estimaciones de Econométrica

La tasa de inflación interanual (abril 2015-abril 2016) cerró en 412,2% y el Índice de Escasez en 58,35%. En nuestro Informe de mercado de bienes y servicios, correspondiente a abril, destaca que el grupo de Alimentos y Bebidas no alcohólicas registró un alza de precios de 41,4% en un mes.

El alza de los precios no da tregua a los ya exiguos ingresos de los venezolanos. Estimaciones de Econométrica ubican la tasa crecimiento de los precios durante el mes de abril en 20,3%.  El año pasado, la cifra oficial de inflación publicada por el Banco Central para este mismo período fue de 6,4%.

En nuestro Informe de mercado de bienes y servicios, correspondiente al mes de abril, explicamos que la variación del Índice de Precios de Econométrica (IPC-E), calculado con los mismos ponderadores originales que usaba el Banco Central de Venezuela “pone de manifiesto la intensidad de la crisis económica”.

De acuerdo a los cálculos de Econométrica “la aceleración inflacionaria que se vive desde julio 2014 se ha intensificado en los primeros cuatro meses de 2016”, dando como resultado que la tasa de inflación interanual (abril 2015-abril 2016) se ubique en 412,2%.

Las previsiones de nuestros analistas es que “el proceso inflacionario cobrará intensidad en los próximos meses y la estimación es que el IPC-E salté a 18,75% en mayo y de continuar la tendencia alcista para finales de 2016 la inflación cierre por encima de 700%”.

Alimentos en carrera alcista

El IPC-E está compuesto por trece grupos, de estos, la agrupación con mayor crecimiento de precios fue el correspondiente a Alimentos y Bebidas no alcohólicas con una inflación de 41,4% en abril, cifra muy por encima del índice general. “Esto pone en evidencia la pérdida del poder adquisitivo del salario y el empobrecimiento de la población más vulnerable”, dice el informe.

Gran parte de la inflación registrada en este grupo obedece al alza puntual de los precios de referencia de aceites y grasas (161,3%) y azúcar, chocolates y derivados (155%).

Salud fue la segunda agrupación con mayor variación en el IPC-E con un 27,6% de crecimiento. “Este aumento se debió fundamentalmente al incremento de los precios de las medicinas (50%)”, según cálculos de la firma.

Otro rubro que tuvo una considerable subida de precios fue el correspondiente al sector transporte. La inflación del sector en abril fue de 25,2%, impulsado por los incrementos en combustibles y lubricantes (43,9%) y los servicios de reparación y mantenimiento (79,4%).

Canasta alimentaria en constante alza

Un dato que resalta en el informe es el referente al costo de la Canasta Alimentaria Normativa (CAN), que experimentó un incremento de 21,9%.

Si bien la CAN no es una canasta que mida el consumo promedio de un hogar venezolano, es un indicativo de lo que está sucediendo con algunos precios de forma puntual.

De acuerdo a Econométrica para adquirir todos los productos que conforman la CAN, una familia debió desembolsar Bs. 40.355 en marzo de este año y para adquirir la misma cantidad de productos en abril, el desembolso debió elevarse a Bs. 49.210.

De 50 productos que componen la canasta, un total de 39 experimentaron incrementos en sus costos. Entre estos destacan: aceite de cocina que subió 215,9%; azúcar (130,7%), y caraotas negras (85,4%).

Se agudiza la escasez

El Banco Central de Venezuela ya no publica el Índice de Escasez, sin embargo Econométrica hizo sus estimaciones y lo ubica en 58,35% al cierre de abril, cifra ligeramente inferior a la obtenida en marzo (58,63%).

“Los niveles de abastecimiento siguen siendo críticos y están muy por encima de la mejor cifra registrada en 2015” y hay rubros que prácticamente han desaparecido de los anaqueles, como artículos de cuidados personal (98,2%), aceites y grasas (94,7%) y azúcar, chocolates y derivados (91,3%).

“Mientras las medidas necesarias para normalizar el abastecimiento siguen postergándose y no hay indicios de que la situación vaya a cambiar en el corto plazo, la dinámica inflacionaria continuará acentuándose en los próximos meses”, agrega el informe.

 

Vía: http://www.econometrica.com.ve/blog/inflacion-de-abril-fue-de-203-segun-estimaciones-de-econometrica